La historia conmueve por momentos. No son pocos los temas que se desarrollan y que permiten reflexionar, pero el relato es tan lento, que podría señalarse que la película no tiene ritmo, y poco a poco se vuelve previsible. "La vieja de atrás" -compite en el 6º Festival Tucumán Cine- trata sobre una anciana que vive sola en la gran ciudad, y cuyos días se suceden rutinariamente.

En el noveno piso de un edificio conocerá a su vecino, un joven estudiante del interior que, a pesar de su empeño, pierde su trabajo, y no le queda otro camino que planificar el regreso a su pueblo de La Pampa, dejando atrás las aspiraciones de ser médico. Un día, atrapados en el ascensor, la anciana le ofrecerá un curioso pacto: casa y comida a cambio de una conversación diaria, simplemente. Pero lo que en un comienzo parecía sencillo, con el paso del tiempo se vuelve complejo. Por un tiempo, Rosa y Marcelo compartirán ese pequeño departamento que, en definitiva, se convertirá en testigo de la gran distancia que existe entre ellos.

La película dirigida por Pablo José Meza cuenta con las interpretaciones protagónicas de Claudia Aizenberg y Martín Piroyansky. Ha obtenido premios en distintos festivales, como en Gramado y Huelva, y ha participado en encuentros internacionales.

Sobre "La vieja de atrás" se podría escribir un catálogo de problemáticas que siempre despiertan reflexiones en el país: la soledad de los ancianos, sí, pero también la de los jóvenes, sobre todo si son del interior; la falta de comunicación, y hasta la ausencia de oportunidades laborales. Pero está dicho que el ritmo, o la carencia de él, así como la casi ausencia de diálogos, conspira contra el filme. Está claro que el director quiso tomarse su tiempo para plantar cada escena, con una cámara que se detiene en los pequeños detalles. Por allí pasa la película.